Casi todas las bodegas tienen varios tipos:

Casi todas las bodegas tienen varios tipos: brut, seco, semiseco, dulce y algunas hasta rosado. Citaremos solamente el más representativo de cada casa:
«GRAN RESERVA NON PLUS ULTRA», de Codomiu: «BRUT ZERO», de Castellblanch; «GRANCLAUSTRO», de Perelada; «VISOL RESERVA», de Mestres; «CONDE CARALT RESERVA», del Conde de Caralt; «NADAL EXTRA SECO», de Bodegas Nadal; «ROYAL CARLTON», de Bodegas Bilbaínas; «SECO BARBIER», de René Barbier; «BRUT NATURE», de Fortuny; «BRUT ESPECIAL GOMA», de Gomá; «INVICTA GRAN CORDON», de Pares Balta; «BRUT NATURE», de Freixenet; «ASPRI LUVAL», de Luval; «LACRIMA BACCUS», de Lavernoya.
Selección de selección de vinos es el champán, y por eso vamos a familiarizarles con su preparación.
La primera preocupación del buen elaborador es saber elegir las variedades de uva más adecuadas para la obtención del champaña. En general, en la composición de este vino entran dos variedades blancas y una negra, pero de carne blanca, que se compenetran y complementan entre sí para dar esta armonía de sabor y color que distingue el champaña de alta calidad. Las uvas se seleccionan racimo por racimo, desechando
las podridas, las verdes y las secas. Son llevadas a la prensa sin estrujar, debiendo efectuar la operación de prensar con rapidez, a fin de que el mosto salga con poco color, pues el buen catador de champaña no tolera ni el amarillo fuerte de la uva blanca corriente, ni nada que recuerde el tono rosado que podría comunicarle la uva negra si no se tuviese la precaución de prensarla con gran rapidez. El primer mosto que fluye de la prensa, que lo constituye la flor de la uva, o sea lo mejor que ella contiene, se guarda aparte para transformarlo en champaña. El resto se destina a vino corriente o a champaña barato.
Los mostos son clarificados por decantación natural y llevados luego a las barricas (envases de dos hectólitros de cabida), donde se vigila cuidadosamente la marcha de la fermentación. Terminada la primera fermentación, se trasiega el vino varias veces, y después de una serie de degustaciones, análisis y ensayos, se hacen las mezclas para obtener los tipos apropiados. Para estos «coupages» se utilizan también los vinos de las viejas reservas que toda casa de prestigio debe tener siempre en sus bodegas.
Los vinos resultantes de las mezclas («cuvées») se trasiegan de nuevo, se embotellan y se someten a la segunda fermentación, utilizando fermentos seleccionados, que transforman en burbujeante espuma el azúcar que previamente se les agregó. A los quince días de haberse embotellado el vino comienzan a estallar algunas botellas, lo cual señala la marcha de la fermentación; luego se llevan las botellas a las bodegas, profundas y frías (cavas), y allí, con el enfriamiento, la rotura cesa y empieza el proceso de maduración, que dura varios años. En invierno, las botellas se suben de nuevo a las bodegas de la superficie, para que sufran el efecto de las heladas, las cuales precipitan todas aquellas sustancias que pudieran enturbiar el vino. La operación de subir y bajar las botellas de las cavas a la bodega se verifica cada invierno durante dos años. Después, las botellas quedan ya definitivamente en las cavas, siempre a la
misma temperatura.
A consecuencia de la fermentación, se ha formado en cada botella cierta cantidad de poso, que enturbia el vino y se sedimenta con el reposo. Es necesario separar este sedimento. Para ello, se ponen las botellas invertidas en unos pupitres provistos de agujeros y, con gran cuidado, se mueven cada día durante unos cuatro meses, hasta conseguir que el sedimento quede por completo encima del tapón. Cuando se ha
logrado esto, hay que hacer la operación llamada degüello de la botella. Con habilidad y presteza, que sólo la práctica enseña, el operario encargado de esta operación quita tapón y poso, sin perder casi nada de vino, quedando éste completamente límpido.
El vino espumoso resultante del proceso descrito es un vino muy seco que en la tecnología champañesa se designa con el nombre de «brut», pero se preparan también los tipos «Dry» (seco), «Semi-seco» y hasta «Dulce», los cuales se obtienen adicionando al champaña vinos añejos muy superiores más o menos dulces. La botella es tapada de nuevo con tapones llamados «trefinos», del mejor corcho, y después se
sujetan éstos con un bozal metálico. Desde el degüello de la botella hasta la aplicación del tapón definitivo debe operarse con bastante rapidez para que la botella conserve su espuma.
Ya sólo falta revisarlas una a una por última vez, para desechar las que presenten la más leve mota turbia, y luego ponerles las etiquetas correspondientes.
El proceso de elaboración del champaña, someramente descrito, tiene una duración de cinco a diez años, según tipos y calidades, y requiere que cada botella pase por las manos de innumerables operarios muy expertos.
Al descorchar una botella no nos imaginamos que su elaboración haya costado tantos cuidados y tanto tiempo.

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